“Tiran una manta al suelo. El Comisario grita y me dice que me va a violar otra vez”

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OperaciÛn de la Guardia Civil contra ETA que se ha saldado con cuatro personas detenidas en Bilbo. En la imagen, una de las detenidas sale del registro en el n∫ 1 de la calle Fika.

“TIRAN UNA MANTA AL SUELO. EL COMISARIO GRITA Y ME DICE QUE ME VA A VIOLAR OTRA VEZ”

El 7 de octubre de 2014, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos hacía pública la condena al Estado español por no investigar la denuncia de torturas de Beatriz Etxebarria y Oihan Ataun, a los que ordena indemnizar con 29.000 y 24.000 euros, respectivamente. Es la cuarta condena al Estado español por el mismo motivo.

 

«Tiran una manta al suelo. ‘El Comisario’ grita y me dice que me va a violar otra vez»

Beatriz Etxebarria relató en primera persona el momento de su detención, en marzo de 2011, el viaje de traslado a Madrid y los cinco días de incomunicación en manos de la Guardia Civil. Este es el espeluznante relato:

Sobre las 4:00 de la mañana del 1 de marzo de 2011 revientan la puerta. Me agarran del pelo y me llevan en volandas al salón. Estoy en sujetador y no me dejan ponerme ropa durante el registro. En el salón me reducen con violencia y en el sofá me intentan poner las esposas. Se enfadan porque me quedan pequeñas. Me dicen mientras sigo sentada en el sofá: «Ya verás qué cinco días vas a pasar».

Me mareé un poco durante el registro del trastero. Me agarran muy fuerte del brazo, me dejan marcas. Me ponen esposas de cuerda y me las van apretando cada vez más.

Al salir de casa me amenazan: que no mire ni hable con mi pareja. Me llevan donde estaba el coche y me prohíben mirar el registro.

Me llevan al forense de Bilbo: me miran bien, tengo marcas en las muñecas de las esposas, tenía las venas hinchadas, y algún rasponazo. Los brazos rojos, por la forma de agarrarme, y agarrotados.

Me montan en el Patrol. Me obligaban a cerrar los ojos y me los tapan ellos mismos con la mano. Escucho cómo hablan de encontrarse con otro coche.

Paran. Un guardia civil, que se hacía llamar el Comisario, viene a buscarme y cambiamos de coche. El de ahora no es un Patrol, es un coche normal por el espacio y la altura al entrar. El Comisario empieza a gritarme al oído y a amenazarme: «Soy militar y estoy entrenado para matar». Me dice que tengo dos opciones: hablar desde el principio, o no. Noto cómo sacan una bolsa y me la ponen encima de las manos Durante el viaje a Madrid me dan golpes y collejas en la cabeza, y constantes amenazas. Me dicen que va a parar el coche y «te voy a poner en pelotas, te tiro a la nieve y te voy a abrir en canal». El Comisario se quita la chaqueta y empieza a restregarse contra mi cuerpo. El otro policía que estaba a su lado «apacigua» a El Comisario pero también me amenaza. Me hacen «la bolsa» dos veces de camino a Madrid.

En la comisaría había diferentes habitaciones: en una escuchaba los gritos del resto de detenidos y había otra que estaba más abajo que me daba la sensación de que estaba aislada, y ahí el trato era todavía peor. A la primera la llamaré la «habitación dura» y a la otra «la muy dura».

Siguen las amenazas y El Comisario me mete a una celda y me dice que piense bien qué voy a hacer. Me sacan de la celda y me llevan al forense.

Son sobre las 20.30 del martes. Le relato que estoy siendo torturada. Me vuelven a llevar a la celda.

Me llevan a la «habitación dura». Allí oía gritos del resto de detenidos/as. Me sientan en una silla y me mojan las manos, mientras escucho ruidos de algo que parecen electrodos. Cuando estaba en la celda también escuchaba esos mismos ruidos. Me dicen que tengo que hablar y me empiezan a quitar la ropa hasta dejarme totalmente desnuda. Estando desnuda me echan agua fría por encima. Me vuelven a poner la bolsa hasta tres veces seguidas. Me amenazan con hacerme la bañera. Estando desnuda, me ponen a cuatro patas encima de una especie de taburete. Me dan vaselina en el ano y en la vagina y me meten un poco un objeto. Sigo desnuda y me envuelven en una manta y me dan golpes. Me agarran, me zarandean y me levantan del suelo.

Me vuelven a llevar a la celda hasta la mañana del miércoles, cuando vuelvo a visitar al forense. Le cuento algo sobre el trato al que estaba siendo sometida y su actitud fue mala.

Vuelvo a la celda y allí trato de «descansar» un poco. Después de pasar un rato, viene El Comisario y me lleva a la sala «muy dura». Allí me vuelve a desnudar. Me estira del pelo, me da golpes en la cabeza y me grita al oído que es militar y que está entrenado para matar y que «te voy a destrozar toda por dentro para que no puedas tener pequeños etarras».

Me vuelven a llevar a la celda y después de estar allí, al forense. No le cuento nada, al ver cuál había sido su actitud en la última visita en la que cuestionaba el relato de torturas que le había hecho.

En los interrogatorios siempre había mucha gente. Una vez conté hasta siete voces diferentes. Me amenazan constantemente con mi pareja (al que escucho cómo está siendo torturado). También me amenazan con detener a mi hermano. Me dicen que como no haya trato no sólo van a detener a mis padres, sino que también van a llevar a mi abuela «en bragas y que se la iba a follar».

El anteúltimo día El Comisario me vuelve a desnudar. Tira una manta al suelo, grita y me dicen que me van a violar, otra vez. Me da la impresión de que él se empieza a quitar la ropa, escucho cómo se quita el cinturón. Entonces, al que llamaban Garmendia intenta tranquilizarle, lo saca de la sala en la que estaban y escucho cómo hablan. Garmendia entra otra vez en la habitación y me dice que le prometa que voy a declarar.

El último día tuve hasta seis interrogatorios. La segunda declaración policial la hago el sábado a las 5:40. Después no me vuelven a desnudar y la agresividad era menor, incluso llegaron a decirme si quería ver a Iñigo.

Las amenazas no cesaron hasta llegar a la Audiencia Nacional. En el furgón, El comisario, que estaba sentado a mi lado, me dijo que tenía que ratificar delante del juez la declaración.

Durante todo el periodo de incomunicación, salvo cuando iba donde el forense, estuve con los ojos tapados con diferentes antifaces. Había alguno de látex que tenía una especie de polvo que ellos decían que si abría los ojos me iba a quedar ciega. Yo sí notaba que cuando me lo quitaban (para ir al forense) me picaban los ojos durante un rato. Cuando estaba con El Comisario me ponían otro antifaz que era como de terciopelo.

Durante la incomunicación estuve sobre todo con tres policías (El Comisario, El Inspector y Garmendia, que era menos salvaje), aunque durante los interrogatorios solía haber mucha gente siempre en la habitación.

Ante el juez negué la declaración policial y denuncié haber sido torturada.



Categorías:EUSKAL HERRIA, EUSKAL PRESOAK, MEMORIA, POLICÍA, TORTURA

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11 respuestas

  1. Menudos hijos de puta y miserables. Jake mate a esta gentuza

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  2. Me parece bien lo que le hicieros, se merecen eso y mas, o es que ellos tienen piedad cuando ponen una bomba?, miran si hay padres de familia a los que van a dejar desamparado y el dolor que eso va a causar. Para mi es facil, si matas te mato, al estilo estadounidense.

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  3. (de J.L.ARCO) Los relatos de torturados en comisaría durante las dictaduras son de la naturaleza del que cuenta Beatriz Etxebarria durante sus días de detención. Las frases transcritas del comisario y de sus secuaces en sus interrogatorios con amenazas, injurias y maltrato evidente forman parte de la antología del crimen, Demasiado abundante en todos los países para negarla. El relato de la torturada de la que hizo su denuncia no hay que dudar. Su declaración es suficiente como para abrir una investigación. Si esta no llega exigir responsabilidades es porque lo que sucede en las comisarias tienen un visto bueno tácito de otras instituciones. Además, considerarán, que los detenidos tienden a fabular o a exagerar. El hecho es que el detenido tiene sus derechos en la fase de indagación. No puede ser interrogado en una sola que no disponga de una cámara que videografíe todo el proceso, no puede ser coaccionada con amenazas contra su familia y contra su integridad. Sorprende esa recurrencia al lenguaje de la violencia sexual. Toda la incapacidad criminológica que tiene el interrogador pretende contrarrestarla con su supuesta capacidad erótica como violador sexual. La paranoia policial y delos estados les empuja a la exageración, al despropósito, al error organizativo y a la ilegalidad. Las experiencias de maltrato o de tortura en comisarias no demuestran el cese de la oposición critica al sistema, al contrario fabricarán a rebeldes mas radicales. Es una ley histórica de la que los represores, que no investigadores, se resisten a aprender. El día que se inventaríe la multitud (por miles, decenas de miles) de casos de denuncias de damnificados contra policías e instituciones por abusos de autoridad se admitirá la gran falacia de un mundo civilizado o del estado de derecho. España es un país periódicamente amonestado por el centro europeo a propósito de este tema. También es el país en el que nunca los gobiernos se han desmarcado de manera explicita de los crímenes del franquismo. Su dictadura actual sigue de facto, aunque claro está la tortura tiene grados y la de Beatriz la puede contar. La tortura en todo caso concurre desde el momento en que hay amenazas contra terceros (familiares,..) e intimidación para no contar el trato recibido. La más grave deja lesionados de por vida a los damnificados o ni siquiera los deja con vida para que se sepa lo que sucedió con todos los detalles.
    Preguntas ¿que hay detrás del maltratador de oficio dentro de las policías? ¿por que los filtros no lo detectaron para evitar que la sociedad hiciera descansar la seguridad ciudadana en alguien de su perfil? ¿Por que no usa la inteligencia para la investigación en lugar de la amenaza para amedrantar? ¿a que viene en los tiempos actuales en las que la mayoría critica de la sociedad no milita en grupos organizados esa clase de interrogatorios sacados de manuales obsoletos?
    El valor de una sociedad y su avance se mide por la manera de tratar a sus gentes, incluidos sus críticos y disidentes. La sociedad está recrementando sus enemigos en proporción directa a su minimización como sociedad libre.

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  4. Los guardia civiles serán condecorados. No serán investigados y además denunciarán a quien cuente lo que han pasado. Los jueces ciegos ante las torturas, serán rápidos con las denuncias de los torturadores. Y lo llaman democracia!

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  5. Yo estoy completamente en contra de todo tipo de tortura.Me parecen muy cobardes quienes recurren a la tortura x que siempre se hace desde la cobardía de un cuerpo del estado , sea policía , Guardia civil o militar.Pero también estoy en contra de la tortura q ejercen secuestradores, Empresarios y otro tipo de poderes .Cobardes
    Eso es lo que pienso de todos estos cobardes…

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  6. No puede ser que la tortura aun este en esta sociedad.

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  7. ¿hace falta posicionarse contra la violencia en cualquiera de sus expresiones para condenar la estatal en concreto?; es ridiculo, ningun ser biennacido puede justificar una violencia gratuita. La violencia del estado y en concreto la ejercida por su brazo armado la policia, guardia civil, ejercito, etc es muchisimo mas execrable pues traiciona el fundamento de su existencia cual es la defensa del derecho y las libertades ciudadanas, incluida la de los asesinos y mas -si cabe- cuando lo son en situación de presunción. Si como ciudadanos permitimos que se actue de esta manera contra cualquiera que consideremos contrario a nuestros principios, estaremos dando pie a que mañana actuen contra nosotros mismos en virtud de unos principios que no son los nuestros y si de quienes en ese momento gobiernan.

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  8. ¿Te torturaron o no?. ¿Colaboras con una banda terrorista o no?. Siempre existen dos versiones y es imposible saber la verdad.

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