“He ganado todas las batallas que se me han presentado, pero este cáncer por amianto es insalvable”

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KEPA FERNÁNDEZ TRINCADO, alias ‘Kepa Bizkaia’

“HE GANADO TODAS LAS BATALLAS QUE SE ME HAN PRESENTADO, PERO ESTE CÁNCER POR AMIANTO ES INSALVABLE”

Antiguo miembro de ETA, salió de la antigua cárcel de Puerto Santa María en 1977 con la AMNISTIA.

Quedamos con Kepa Fernández en Etxebarri. Se le ve un poco cansado, pero fuerte a nivel emocional. En enero de este año le detectaron un Mesotelioma, un tipo de cáncer ligado a la inhalación de fibras de amianto, en uno de los controles médicos que pasa desde hace años “desde que me abrieron la boca por una infección en la muela del juicio”. Está satisfecho porque la Seguridad Social le ha reconocido la enfermedad profesional, lo que mejora sus bajos ingresos. Pero admite que, después de una vida intensa de trabajo y de lucha por Euskal Herria y en contra del dictador Franco, de la batalla actual frente al cáncer por el amianto no se salvará. Los empresarios no pusieron los medios adecuados para evitar que las fibras cancerígenas del mineral se alojarán en su cuerpo para estallar a comienzos de este año.

El próximo 8 de setiembre cumplirá 71 años. “Si llega, y me deja. Me he deteriorado mucho este último mes. Lo noto. Conozco mi cuerpo”, pero es optimista porque admite que “me pillaron a tiempo”. Es consciente de las consecuencias y explica a EL PERIODISTA CANALLA que “el tiempo se me acorta, mi contrato con la vida expira, y quiero que sepas que no tengo temor a nada. Asumo lo que me toca. No hay más. No puedo pretender nada. No pretendo hacerme la víctima y que todo mi entorno las pase putas conmigo. Ni hablar. Ni mucho menos, mi mujer, mi hija, mis hermanas, mi nieto y mis amigos”. Así de crudo se lo dijo a la sustituta de su habitual médico cuando le ofreció los resultados inapelables de que tenía ese Mesotelioma. Entonces, se prestó a una entrevista de la doctora para un trabajo conjunto con otros enfermos. “Conté lo que pienso de forma natural. No hay más cera que la que arde”. Son 17 folios. Destacamos un par de citas en este repaso que realiza por su vida. “En principio, mi vida no es nada relevante para nadie, sólo para mí. Y es relevante en tanto en cuanto que es lo que yo he elegido, lo que he querido hacer. A veces arrastrando, sin pretenderlo, pero arrastrando a los demás a conductas insospechadas, porque, ¿quién le iba a decir a mi mujer que la iban a meter a la cárcel, bueno a la cárcel no; a comisaría, y le iban a ‘untar’ por haberse casado conmigo?”. Recuerda que su hija se quedó sorda a los tres años, pero “hoy es una gran mujer. Tengo un nieto que es ¡la leche!”.

En último lugar, la doctora le pregunta sobre ¿un regalo para la familia? Y Kepa Fernández contesta: “que no se dejen engañar por nadie. Que la vida es dura, que no hay milagros. Que afronten las cosas como hay que hacerlo y cuantos menos problemas tengan, mejor. No dejarse conquistar por peces de colores, que no son comestibles.¡Ni hablar! Los peces tropicales no alimentan nada. Así que comportaos para que los demás se comporten con vosotros. Ni más ni menos. Para mí, ha sido la filosofía de mi vida y la que he procurado e intentado llevar adelante”.

Pero, ¿cómo se infectó del amianto? De chaval, fue mecánico coches y camiones. “El amianto era algo habitual en la reparación de escapes, juntas, zapatas… había que manipularlo”. Admite que cuando me preguntó la médico de Cruces, “no recordé en un primer momento haber tenido contacto con el mineral cancerígeno. No me acordé de 40 años o 50 años antes. A botepronto no supe. Luego empecé a rebobinar y me salió todo: lo pedíamos tal y como suena: ‘dame amianto’ para humedecerlo, darle forma y echar para adelante para fabricar los productos que había que hacer. No me costó tanto rememorar esa situaciones”.

EN TALLERES SAGA

Su primer trabajo fue en Talleres Saga, sociedad anónima general del automóvil, “que era la delegación de Pegaso en el Norte Peninsular”. Nacido en Uribarri, en Bilbo, iba a trabajar a Perez Galdós, en reparación de camiones, aunque también en algún turismo. Comencé a los 15 o 16 años. Mi viejo era albañil con 5 hijos. Se desvivió por darme estudios, pero yo era más pillo”.

“Tengo una cicatriz en la zona de la boca, surgió porque a cuenta de la muela del juicio tuve una infección de caballo. Me tuvieron que abrir toda la boca, para separar y limpiar. Siempre me han hecho controles médicos. Me vine con la historia. Todos años un seguimiento médico. Hasta este año nunca he tenido ninguna referencia. A primeros de año, en enero, surgió una anormalidad, ‘tienes un algo que tienes que mirar’, me dijo la médica. Coincidió con el tema del amianto. La mujer fue honrada y me lo dijo. Tienes un cáncer y me voy a ir a tomar por el culo. Tenía referencias de que la gente moría por amianto”. La doctora le dijo que era un mesotelioma, “no ofrecía dudas”. Del hospital de Cruces “me mandaron a Galdakao. La oncóloga que me atendió, de inmediato, me mandó a oncología y al bombardeo de quimioterapia y vacunas. Hasta este mes pasado (llevo un mes jodido) he andado con situaciones lógicas de la ‘quimio’, pero bastante bien”

Kepa Fernández mantiene el ánimo, pero “me ha entrado anemia y estoy mas deteriorando, porque me quita toda la fuerza, todo…y me jode un montón. He perdido peso. ¿He perdido el ánimo? No, porque mi carácter es así. Me voy a enfrentar a todo por los míos, por mi hija, mi mujer, mi nieto…y porque no me quiero pirar. Aquí estoy bien y contento”, señala.

Tras ese taller, se puso a trabajar por su cuenta con camión y después una pescadería hasta que se jubiló, junto a su mujer. “Anduve trabajando en una empresa de productos químicos que se llamaba Hispano Química. Transportaba material para siderurgia mezclado con amianto, mazarotas, que eran para la fundición. Ese tipo desprendía polvo de amianto, lo barría de la cama del camión. Lo hacia casi a diario. Y, sin embargo, no parece que los médicos le daban la importancia a ese capítulo, sí a la empresa donde me inicié, que yo le he podido dar”.

Tras ese paréntesis, retoma su contactos con los médicos. “Empezamos con el tratamiento, la misma médico del Hospital de Cruces me recomendó que hablara con Asviamie (Asociación de Víctimas del Amianto de Euskadi). Me asesoraron y me dijeron que debería lograr la declaración de enfermedad profesional”. Admite que tanto en Osalan como en el Tribunal Médico de la Seguridad Social “me atendieron de cine. Les estoy muy agradecido”.

Tras una serie de trámites “me han concedido enfermedad profesional, lo que supone un suplemento de unos 500 euros. Cobrando como cobraba de autónomo, es un apoyo importante, cobraba una mierda -603 euros-, entre mi mujer (autónoma) y yo llegábamos a los 1.400 euros. Haciendo tripas corazón íbamos para adelante con dificultades”. Pero admite que ha aceptado y, tras conseguir esa declaración, habló con todos esos interlocutores para agradecérselo, porque “cuando fallezca a mi mujer le quedará algo más. Es un apoyo, entre lo suyo y eso, tendrá una pensión mínimamente digna. No es la panacea”.

En este punto de la conservación, Kepa Fernández reconoce que “no hay nada que hacer. Es la resultante de esta historia. Nadie nos explicó nada sobre el amianto. Es irreversible”.

BENEFICIOS Y PUNTO

“Cuando entré en la empresa nadie nos dijo nada. Cada uno iba a lo que iba: los empresarios a obtener beneficios de los demás y punto. Sueldos de risa. Como era antes la historia. Si querías algo, tenías que meter una horita. Por eso decidí convertirme en autónomo: si voy a ganar más trabajando para mi que con esa gentuza”.

¿Cuando cambiaste?, le preguntamos. “En 1977 salí con la amnistía de la cárcel y busqué una salida con un camión. Lo metí en Hispano Química, estuve casi seis años. Antes, caí en 1972, había tenido camión pequeño”. pero en víspera del 23-F en 1981 tuve un accidente de coche y me rompí las piernas por seis sitios, y no estaba en condiciones físicas, busqué el tema del pescado, asesorado por un amigo de la cuadrilla. Nos metimos en ese mundo. Una pescadería en el barrio de Arangoiti, en Bilbo. Hasta que nos jubilamos, mi mujer y yo”.

Kepa Fernández admite que “las crisis se notan más en los barrios de currelas como Arangoiti, y mejoraron el transporte público, y cayó la recaudación y, yo estaba en edad y mi mujer próxima, y nos jubilamos”.

 

DETENIDO EN 1972 Y EN 1983

“Caí dos veces en 1972 y en 1983. En mayo era la gabarra cuando ganó el Athletic la liga. Me cargaron por militar en ETA. Me las he currado con la plana mayor. Eramos catorce en aquel entonces, entre ellos, Txomin Iturbe, Tomas Perez Revilla, Mikel Lujua, Argala, Mamarru, Azkoiti, Jesus Mari Zabarte, con el que era uña y carne. Estuvimos juntos en Puerto Santa María, en la cárcel vieja, y salimos de la mano el 13 de abril 1977 con la amnistía. Fuimos los anteúltimos en salir. Tras nosotros Aldanondo y los extrañados”.

Este gudari recuerda su actividad en ETA compaginándola con su trabajo. “Participé dos veces en un atraco Banco Guipuzcoano de Bedia, en la CAF Beasain, en el Guipuzcoano Beasain, secuestro de Zabala, en un atraco a La Naval Sestao (1971). Puro altruismo, ni chapas, ni medallas…había que hacer y… ¡tira! Recuerdo como Txikia no te daba un duro ni de coña, te daba los gastos justos y apuntado. Me parecía muy bien. Iba de legal, tanto Mikel Lujua y Tomas Perez Revilla, solíamos ir a comer a Orio, y cuando íbamos al otro lado con el capó hasta los topes de comida, bebida y tabaco… de la gente muy solidaria”.

De esa etapa recuerda también que “solía ir con José Oleaga, del Anboto, solidario y abertzale. Ibamos al baserri de Manu Robles Arangiz. Tuve muy buenas relaciones con gente comprometida y conocí una gente magnífica”.

DE CÁRCEL EN CÁRCEL.

“Cuando caí en 1972 ingresé en Basauri, luego a Burgos (coincidí con los con la sexta, con los ‘liquis’, que llamábamos) me he llevado bien. Pasé Carabanchel, a Soria, a Segovia, incluida la fuga”. ¿Estuvo allí en la fuga?, le interpelamos y contesta “Ya lo creo. A nosotros nos cazaron en la primera intentona. Nos caían unos lagrimones cuando empezaron a tirar la falsa pared del water. Nos bajaron a hostias a Puerto de Santa María. Allí tuvimos una pelea seria para mantener la dignidad. Lo conseguimos. Costó, pero ganamos”, recuerda.

“Salí con la amnistía el 3 de abril de 1977. Zabarte y yo de la mano. Tres días antes salieron Txutxo Abristketa e Iñaki Aramaio. Vinimos todos juntos y se nos recibió en Zabalburu”, recuerda en estos difíciles momentos con el cáncer derivado por haber trabajado de joven con el amianto en Talleres Saga (que ya no existe), tras una vida de trabajo y lucha.

La segunda vez que cayó fue en mayo de 1983. “Me podían caer todas, tuvimos suerte; la primera te pillan de novato y largas, no tenías opción. El enemigo era más sabio. La segunda vez ya sabías los entresijos. Fue cuando más me han torturado y machacado. Tenía ya una hija y abusaban de ello. Con tres añitos se quedó sorda, y sabía que palabra que dijera en mi contra, un año menos que la iba a tener conmigo. Llegamos a un entente mi compañero y yo, y no largamos nada. Me echaron 2 años 4 meses y un día. Existían las redenciones. Me apunté curso de Ega, y lo saqué. Me quitaron un tiempo. Salí en diciembre 1985, casi a mediados, de Herrera de la Mancha”.

En este repaso por su vida, viendo que le queda poco, recuerda que, a pesar de todo “lo que ves: me he divertido y he tenido una vida intensa”.

Por último, Kepa Fernández  recuerda que “es curioso. He ganado todas las batallas que se me han presentado, con huelgas de hambre pasándolas putas, la sordera de mi hija con tres añitos y ahora es una gran mujer con 37 años, y tengo un nieto excelente. Tiene casi cuatro años y es una criatura avezada…habla por los codos, con coherencia, sentido común y te salta por peteneras con cosas no te la esperas…tiene mano izquierda. Muy majo. Como te digo, he ganado todo, pero esta es insalvable”.

Admite que no ha sufrido mucho por el Mesotelioma hasta la fecha y a final de mes tendrá que pasar nuevos controles médicos “para ver como evoluciona. Igual se vuelve rebelde. Nunca me ha dado por acomplejarme, ni tengo temores. Lo achaco un poco a mi forma de ser, abierto”. Reconoce, sin embargo, que “el amianto ha escrito esquelas a punta y pala”.

Juanjo Basterra



Categorías:ELKARRIZKETAK/ENTREVISTAS, EUSKAL HERRIA, SALUD LABORAL

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1 respuesta

  1. Kepa compa del Athletic y la mejor persona que conozco. Espero estar viéndote dirigir al coro de Uribarri durante muchos años y si no. Que sea por mi culpa. Un abrazo

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